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Acuerdo UE–Mercosur: oportunidades y desafíos para las empresas europeas
El pasado 17 de enero de 2026, en Asunción (Paraguay), la Unión Europea y el Mercado Común del Sur (Mercosur) firmaron finalmente, tras más de dos décadas de negociaciones, un acuerdo comercial de gran relevancia en términos económicos y comerciales.
Considerar este Acuerdo únicamente como un hito político es un error, ya que se trata de una auténtica oportunidad, considerando la eliminación progresiva de los aranceles entre ambos bloques, lo cual favorecerá de forma clara a los operadores que se anticipen y preparen adecuadamente para sacarle provecho o minimizar su impacto.
El Acuerdo UE-Mercosur implica una apertura progresiva de mercados a mercancías y servicios a ambos lados del Atlántico, con una capacidad real de reconfigurar los flujos comerciales, las cadenas de suministro y la toma de decisiones estratégicas por parte de las empresas que operen en ambos bloques. A modo ilustrativo, en relación con los aranceles aplicables a las importaciones de productos europeos en países Mercosur, la Comisión Europea ha identificado que estos se sitúan en alrededor del 35% para los automóviles, la ropa y el calzado; entre el 14% y el 20% para la maquinaria; y entre el 14% y el 18% para las piezas de automóvil y los productos químicos; entre otros.
Por lo anterior, se espera que las empresas europeas de estos sectores experimenten los mayores aumentos en las exportaciones de la UE al Mercosur: vehículos (20.700 millones de euros o +200%), maquinaria (5.400 millones de euros o +35%) y productos químicos (4.800 millones de euros o +50%).
Esto generaría oportunidades significativas en sectores como la automoción (componentes, vehículos), la maquinaria industrial, el sector farmacéutico/sanitario y la industria química, donde actualmente existen aranceles que en algunos casos superan el 10%, como arriba se ha mencionado. Por ejemplo, un fabricante europeo podría acceder a insumos de Brasil o Argentina con menores costes arancelarios para incluirlos en la fabricación de sus maquinarias, lo cual incidiría en su competitividad internacional frente a proveedores asiáticos o estadounidenses de estas mismas mercancías.
Para las empresas, la supresión escalonada de aranceles permitirá reducir costes en la importación en cualquiera de los 27 Estados miembros de la UE de mercancías procedentes de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, así como exportar productos europeos en condiciones más competitivas hacia estos mercados. Según estimaciones de la Comisión Europea, el Acuerdo podría traducirse en un incremento del 39% de las exportaciones europeas al Mercosur, equivalente a unos 49.000 millones de euros, con un impacto especialmente alto en los sectores industriales. De ahí que el verdadero valor del Acuerdo resida no solo en las oportunidades de acceso a los mercados, sino también en las estrategias para la compra de suministros.
Sectores más afectados por el Acuerdo UE-Mercosur. Asimetrías reales.
No obstante, existen sectores europeos más sensibles a este Acuerdo, en particular el agropecuario, donde se ha concentrado gran parte de la polémica. La entrada en la UE de productos como carne de vacuno, azúcar y cereales procedentes de Mercosur genera preocupación por la competencia que implica, teniendo en cuenta las diferencias percibidas en el cumplimiento de las normas medioambientales, sanitarias y de bienestar animal, que son más exigentes en la UE y, por tanto, conllevan costes de producción más elevados.
Si bien la UE ha reforzado, en las últimas revisiones del texto, medidas para proteger a los operadores europeos, intensificando el papel de las cláusulas de salvaguardia, los controles y los estándares sanitarios y fitosanitarios (MSF), y subrayando que estos no se verán rebajados ni alterados por el Acuerdo, la percepción del sector afectado es distinta.
Desde el punto de vista económico, el acuerdo puede tener impactos sectoriales diferentes:
- En Mercosur, los consumidores y determinadas industrias se beneficiarían previsiblemente de una reducción de precios y de mayor acceso a mercancías industriales europeas que actualmente soportan aranceles elevados, a la vez que mejorarían su competitividad para exportar a la UE.
- En la UE, el riesgo más notorio se concentra en segmentos agrícolas concretos, donde las asimetrías en los costes de producción, las normas de comercialización y las exigencias sanitarias, veterinarias y fitosanitarias son especialmente acusadas. No obstante, el Acuerdo también ofrece ventajas significativas para los sectores industriales y de mayor valor añadido.
Proceso de ratificación: Por fases y aplazado en la UE
Un aspecto que a menudo se pasa por alto es que la firma del Acuerdo UE-Mercosur no implica su entrada en vigor inmediata, ni la aplicación automática de reducciones arancelarias. Antes, debe completarse el proceso de ratificación previsto en ambos bloques.
En el ámbito de la UE, la implementación del Acuerdo UE–Mercosur se articula en dos fases. En primer lugar, se prevé un Acuerdo Comercial Interino (Interim Trade Agreement – iTA), que se aplicaría hasta la entrada en vigor del Acuerdo definitivo y permitiría anticipar la aplicación de aquellas disposiciones que son competencia exclusiva de la Unión Europea, previa aprobación por el Consejo y el Parlamento Europeo.
En segundo lugar, la entrada en vigor del Acuerdo definitivo requeriría, además, la ratificación por parte de los Estados miembros.
Sin embargo, teniendo en cuenta que el pasado 21 de enero de 2026 el Parlamento Europeo remitió el texto al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) para su revisión jurídica, la materialización del Acuerdo se aplaza. Ello introduce un elemento de incertidumbre para las empresas europeas que ya estaban evaluando contratos de suministro o la reconfiguración de sus cadenas logísticas, al tiempo que otorga un margen adicional de adaptación a los sectores más expuestos a la competencia derivada del Acuerdo UE-Mercosur.
La demora en la ratificación puede alterar las expectativas comerciales previstas para los próximos años, pero también ofrece la oportunidad de que las empresas se preparen mejor ante los retos y oportunidades que plantea este nuevo escenario, complementándolo con garantías más claras para los sectores especialmente sensibles, como el agroalimentario.
La polémica está servida, dada la diversidad de intereses en juego. No obstante, más allá del impacto comercial a corto plazo, este instrumento debe entenderse como una apuesta estratégica para reforzar la presencia europea en América del Sur, diversificar las cadenas de suministro y reducir dependencias de Asia y Oriente Medio, especialmente en ámbitos clave como el acceso a minerales críticos, abundantes en países del Mercosur —en particular Brasil— y esenciales para las cadenas de suministro estratégicas europeas.
Caso Venezuela y Mercosur
Otro aspecto a considerar es el eventual encaje de Venezuela, un país con creciente presencia en el debate actual. Venezuela fue admitida como Estado parte del Mercosur en 2012, pero permanece suspendida desde diciembre de 2016 en aplicación de la cláusula democrática (Protocolo de Ushuaia), lo que implica la suspensión de sus derechos y obligaciones como miembro del bloque mientras se mantenga dicha situación.
A medio y largo plazo, si la suspensión se levantara y Venezuela recuperase plenamente su condición dentro del Mercosur, podría plantearse su incorporación al Acuerdo UE-Mercosur, ampliando potencialmente la oferta exportable regional con productos en los que el país presenta ventajas comparativas, como minerales —con especial interés para las cadenas industriales y energéticas— y determinados bienes agroalimentarios.
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